Manifiesto unitario del 4-D de 2005

Despedimos el año viejo con el manifiesto unitario de 1977, y recibimos el nuevo con el de 2005. La convocatoria de manifestación conjunta a nivel nacional partió de la Plataforma Andalucía por sí y contó con la adhesión del Bloque Andaluz de Izquierdas (BAI) -en ese momento formado por el Colectivo Unitario de Trabajadores (CUT), el Partido Comunista del Pueblo Andaluz (PCPA), jaleo!!! y Espacio Revolucionario Andaluz-Espacio Alternativo (ERA-EA)-; Iniciativa Socialista de Izquierdas (ISA); Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía (IU-LV-CA); Juventudes Comunistas de Andalucía (JCA); Nación Andaluza (NA); Partido Andalucista (PA); Partido Comunista de Andalucía (PCA); Partido Socialista de Andalucía (PSA); y el Sindicato de Obreros del Campo (SOC).
En cambio, rechazaron expresamente la invitación Acción Alternativa-Algarive (antiguo MCA en su pasado esplendor) y Los Verdes (LV), que de hecho apoyaron la reforma del Estatuto propuesta por la Junta de Andalucía.

Andalucía está atravesando una etapa de posibilidades y, a la vez, de grandes riesgos para su presente y para su futuro. Hemos sufrido en las últimas décadas una transición brutal en todos los aspectos relevantes que marcan la vida de una comunidad. Hemos crecido económicamente, hemos avanzado en lo social... Indudablemente, estamos mejor que hace varias décadas en muchos aspectos, sobre todo materiales, pero también nuestra vida colectiva e individual se ha cargado de valores enfrentados a la solidaridad, al comunitarismo, a la preocupación por los demás y a nuestra propia cultura andaluza. La globalización mercantilista y la idea, parcialmente correcta pero también parcialmente falsa, de que pertenecemos al Norte en contraste con el atrasado y angustiado Sur, ha hecho que, a veces, bajo el signo del conformismo, tengamos la tentación de instalarnos en la cultura de la satisfacción con lo que hay y olvidemos lo que somos y lo que aspiramos a ser. También cuesta cada vez más trabajo mostrar la crítica o el deseo de superación ante el hecho, más o menos cierto, de que “siempre somos los mismos” y ante quienes nos dicen “que nunca estamos contentos con nada”. Y, efectivamente, no estamos contentos con nada ni con poco, porque el tema no es cuantitativo ni sólo subjetivo; es, sobre todo, cuestión de analizar nuestra realidad y la perspectiva en la que nos encontramos. La realidad demuestra que nuestra situación económica y social deja mucho que desear si la comparamos no sólo con nuestro pasado sino con el presente de otras Comunidades Autónomas del Estado. Las tasas de paro, de precariedad en el empleo, de siniestralidad laboral, de casos de cáncer, de fracaso escolar...; el nivel de dependencia, el déficit de infraestructuras y de equipamientos sanitarios, culturales y educativos...; el desmantelamiento del potencial agrícola, forestal, ganadero, pesquero, minero, industrial...; a cambio de centrar nuestras actividades en los servicios y del turismo, también nos ha hecho más vulnerables. Hemos tenido, sin duda, crecimiento, pero también un desarrollo desigual, con desequilibrios territoriales importantes, véanse si no las diferencias entre el litoral y el interior, entre las áreas metropolitanas y las periferias. Y, sobre todo, nuestro crecimiento se ha basado demasiado en procesos especulativos, no en una economía sólida con capacidad de desarrollar nuestras propias potencialidades. Por otra parte, el peso de Andalucía en el conjunto del Estado sigue siendo muy escaso, a pesar de que el 4 de diciembre de 1977 y el 28 de febrero de 1980 el pueblo andaluz conquistó el derecho al autogobierno y a una autonomía de primer nivel. Y esto hace que la voz de Andalucía apenas cuente en las decisiones claves en el Estado Español y en la Unión Europea, con la consiguiente imposibilidad de defender nuestros intereses colectivos. En este contexto, las perspectivas que se abren ante nosotros los andaluces y andaluzas requieren un papel activo de la sociedad civil, de las organizaciones sociales y de las instituciones. El grado de autogobierno alcanzado gracias a la conciencia ciudadana andaluza en los años setenta y comienzos de los ochenta del pasado siglo fue en realidad la apertura de un proceso de descentralización política con una visión federal y solidaria que vino a romper el esquema asimétrico que algunos pretendían. Andalucía reclamó en su Estatuto, como expresión de su identidad histórica, cultural y política, el derecho al autogobierno para resolver sus problemas económicos y sociales y reafirmar su identidad. Sin embargo, aquella conciencia fue adormecida progresivamente y, junto a la desarticulación social y las políticas clientelares que se han venido realizando desde el gobierno andaluz, la sociedad civil y las organizaciones sociales han perdido pulso reivindicativo y capacidad alternativa. Y ello ha provocado, a su vez, que el debate sobre Andalucía quede circunscrito realmente a una minoría institucional y a una confrontación artificial entre los dos partidos estatales mayoritarios, y sea vista como una cuestión para la discusión de “expertos”. Ante la reformulación del modelo de estado que se está proponiendo desde diversos ámbitos territoriales y políticos del Estado, Andalucía debe plantear, sobre la base de la reafirmación de su identidad histórica, cultural y política, sus exigencias de las mayores cotas de autogobierno que le corresponden como nación. Y en la reforma del Estatuto de Autonomía que se está gestando, dejar clara la voluntad que en su día los andaluces pusieron de manifiesto, reflejando en él las conquistas conseguidas y las reivindicaciones que han surgido en nuestra tierra: los derechos sociales, económicos y civiles conseguidos y los que quedan por conseguir en esta etapa histórica, la defensa y desarrollo de la cultura andaluza en un marco de interculturalidad, y la descentralización política que garantice la autonomía municipal, el papel de las comarcas y la participación ciudadana en el más amplio sentido que la democracia requiere. El nuevo Estatuto debe garantizar el nivel de autogobierno necesario para que Andalucía pueda caminar por sí, en pie de igualdad con los otros pueblos del Estado Español, y para que pueda intervenir activamente y desde sus propios intereses en la construcción europea y en las relaciones de cooperación y solidaridad con todos los países y pueblos del mundo. El Estatuto debe dotarnos de capacidad y soberanía para decidir en el ámbito de nuestras potencialidades económicas, sociales y culturales y hacer posible el acceso igualitario a los bienes y servicios: a un trabajo digno, a la cultura, a la educación, a la salud, a la vivienda y a los mecanismos de protección social que entre todos vamos construyendo. Los andaluces y andaluzas que suscribimos este manifiesto asumimos el compromiso de difundirlo y hacerlo valer ante las instituciones y con los movimientos sociales, para crear un estado de opinión que se constituya en un auténtico poder andaluz que propicie la consecución de nuestras reivindicaciones como pueblo y que genere el grado de conciencia y de responsabilidad necesarios para que Andalucía se sitúe en un plano de igualdad y solidaridad en todos los ámbitos con el resto de los pueblos del Estado.

Francisco María Tubino

Nacido en San Roque (Cádiz) el 12 de Septiembre de 1833 y fallecido en Sevilla el 6 de Noviembre de 1888. Periodista, escritor, arqueólogo, y una de las más importantes figuras del protoandalucismo; de una prolífica obra y una vasta cultura sociológica, con una asombrosa puesta al día de las corrientes intelectuales de su tiempo. Realizó sus primeros trabajos como periodista en periódicos como La Palma o La Moda, colaborará con prensa de Cádiz, Sevilla y Málaga, llegará a ser director de El Porvenir, y ya en Diciembre de 1857 será redactor de La Andalucía -del que en 1860 será también propietario- tras la fusión de La Palma de Sevilla y La Palma de Cádiz.
Detrás de este proyecto se encontraban los sectores más activos y dinámicos de la burguesía económica andaluza, alentados por un cierto liberalismo y descentralización por parte del poder y por ciertos atisbos de recuperación económica en Andalucía gracias al comercio de ultramar. De carácter claramente regionalista y federalista, y con constantes referencias al factor histórico andaluz y a comunes pasados esplendorosos, ya en su primer número expresa que su objetivo central era “La defensa de los intereses materiales de la nación y en particular de nuestro país sin limitarnos a la capital de Andalucía”. Al morir, el periódico pasará a cargo de su hermano Juan Tubino.
Desde 1858 intentará hacer cristalizar el proyecto de una Unión Andaluza, sin carácter institucional, y cuyos objetivos serían principalmente acabar con el aislamiento de las “pequeñas repúblicas” que son las provincias andaluzas y conseguir su acción mancomunada, y denunciar “un olvido total por parte de los gobiernos constituidos” hacia Andalucía y organizar, sobre todo a través de los parlamentarios andaluces, la presión sobre Madrid.
La aportación de Tubino está claramente reflejada en dos campos: la investigación en el arte andaluz, y el estudio sobre los grandes problemas sociales, políticos y filosóficos de su época. Se encuadrará dentro del federalismo orgánico, fundamentado en el krausismo, junto con la mayoría de las figuras del republicanismo andaluz, como Castelar y Salmerón, pero frente a posturas de otras figuras tan notables como Salvochea, de un federalismo proudhoniano y pimargalliano.
Destacan numerosas de sus obras: Gibraltar ante la historia, la diplomacia y la política (1863), Patria y Federalismo (1873); o La Corte en Sevilla. Crónica del viaje de SS.MM. a las provincias de Andalucía (1862), que narra el viaje de Isabel II a Andalucía provocado por los espectaculares sucesos acaecidos un año antes con la rebelión de Pérez del Álamo y el alzamiento de Loja, y donde expondrá un contundente memorial de agravios andaluces contra el poder central.
Hennessy, en su obra La República Federal en España (1962), diría de Tubino que encarna “un regionalismo andaluz consciente, que encuentra su expresión en el diario La Andalucía”.
La Andalucía. Política económica y literaria, dirigido por Tubino, en su número correspondiente al 4 de Diciembre de 1897.

Según nos aclara Rafael Tubino, nieto de José Mª Tubino Montesinos (último director de La Andalucía y
sobrino y yerno de Francisco Mª Tubino), el nombre completo de don Francisco era Francisco María Tubino y Oliva, siendo citado por muchos autores como "Tubino y Rada" por confusión, debido a que algunas de sus obras más conocidas las firmaba conjuntamente con uno de sus colaboradores apellidado Rada.
Queda aquí el agradecimiento a esta inestimable colaboración.

Casa natal de Tubino en San Roque.

Monumento a Emilio Castelar en Sevilla: "Castelar 1832-1899. El genio de la palabra emancipó la esclavitud".
La prensa progresista y demócrata andaluza desde el Bienio Progresista a La Gloriosa (Fuente: CHECA GODOY, Antonio, Historia de la prensa andaluza, Fundación Blas Infante, Sevilla, 1991)

Artículos relacionados:
-Rafael Pérez del Álamo
-Revolución Cantonalista
-San Roque y Gibraltar "andaluz"

Manifiesto del 4-D de 1977

Manifiesto unitario del 4 de Diciembre de 1977, leído al final de todas las manifestaciones que recorrieron Andalucía –las ocho capitales de provincia más algunas importantes localidades como Algeciras o Xerez-, y ciudades como Barcelona, Bilbo o Madrid donde las comunidades andaluzas organizadas eran considerables:

En el pasado han existido en nuestra región aspiraciones y anhelos de dotar a nuestro pueblo de un marco autonómico, en el contexto de la unidad solidaria de todos los pueblos del Estado Español, que no llegaron a verse realizados por no haber conseguido hacer plenamente partícipes de los mismos a las más amplias capas de población andaluza; así como por la quiebra del proceso democrático que se produjo en nuestro país.
Hoy, ya superado el largo período de carencia de libertades, nuestro pueblo puede, de nuevo, hacer oír su voz y lo hace con una clamorosa expresión, debido, sin duda, a la progresiva toma de conciencia que se ha ido produciendo a lo largo de los últimos años de que los graves problemas de Andalucía encuentran mejor solución dentro de un marco autonómico, en que los andaluces puedan decidir por si mismos.
En Andalucía, en efecto, existen muchos y muy graves problemas: la emigración de los hombres y los recursos de Andalucía; un elevado índice de paro; una difícil situación en el campo que hace que unas tierras tan ricas como las nuestras no puedan garantizar el sustento de los que en ellas viven; unas condiciones generales de vida que son muy inferiores a las de otras zonas del país. Todos ellos son problemas que exigen unas soluciones urgentes, y es precisamente para ello para lo que exigimos la más rápida institucionalización de unos órganos de representación y gobierno autónomos. La consecución de la preautonomía abrirá la vía para que el pueblo apruebe en su día el estatuto de autonomía. Este Día de Andalucía abre una etapa histórica, una etapa histórica que llegará a buen fin si el pueblo andaluz, como ha hecho hoy, sigue comprometiéndose activamente en el proceso que hoy hemos iniciado. Y todo esto lo vamos a hacer en la democracia; en el respeto de todas las opiniones que existen en nuestra región; interpretando con la mayor fidelidad la voluntad del pueblo y al servicio de ese pueblo, que tiene que pensar en una España nueva, democrática y libre, por primera vez, en muchos años; una España de todos los españoles que no es concebible sin una Andalucía renovada, democrática y autónoma para todos los andaluces.


Cartel unitario de los partidos políticos. Cartel de la convocatoria en Barcelona.

La Patria Españolista

Texto de la portada del semanario El Regionalista. Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía, editado por el Centro Andaluz de Sevilla y con fecha del 5 de febrero de 1919 en su número 63. Aunque en realidad es un editorial, numerosos historiadores coinciden en concederle su autoría Blas Infante:

LA PATRIA ESPAÑOLISTA

Nuestros correligionarios de Cataluña se han detenido un tanto. La democracia trabajadora es una esperanza ardiente que incendia y conmociona a los obreros de la ciudad y del campo. ¡Hasta Sevilla se levanta! Han visto los obreros tangibilizados los principios de la democracia trabajadora en la Constitución votada por el Congreso Pan-Ruso de los Soviets. Perciben la agitación que inestabiliza en Alemania toda Constitución de Gobierno popular. Observan que las nuevas nacionalidades liberadas en el Centro y Oriente europeo, se debaten en la vacilación manifestada por las luchas internas orientadas hacia soluciones, más bien sociales que políticas. Bulgaria mantiene con Alemania analogías grandes en su actual situación. En Rumania los campesinos se han apoderado de la tierra. En cuanto a los triunfadores, el envanecimiento de la victoria en nada ha afirmado, como sucediera otras veces, los poderes que ciñeron las sienes de sus pueblos con el glorioso laurel. En Italia, el partido mejor organizado, el partido socialista, se pronuncia contra su representación parlamentaria, y se orienta hacia el maximalismo. En Inglaterra, la voz de Irlanda no se oye entre el fragor imponente de sus huelgas últimas, y el clamor de los laboristas ingleses. En Francia, el sindicalismo llega a coaccionar al desaprensivo Clemenceau. Hasta en Argentina, la aspiración democrática trabajadora conmueve a las masas proletarias y llega a minar el espíritu de la fuerza pública.
Los obreros del todo el mundo se han dado cuenta de que este instante representa un puente giratorio que unirá dos eras diferentes, y quieren ordenar este puente en la dirección que conduce al mundo de su ideología.
Barcelona y Córdoba son hoy las dos provincias españolas en que el sindicalismo cuenta con fuerza mayor y con una organización más acabada.
Y nuestros correligionarios catalanes dicen: Si llegamos a romper la clave de los Poderes actuales, los obreros penetrarán por la brecha. Temen al tránsito: a la desorientación. Y de aquí que sea éste parecer que inspira a la Mancomunidad catalana. Resolver la cuestión social es hoy asunto más urgente y esencial que el mismo problema autonómico.
Este es también nuestro criterio (el que viene a inspirar esa última fórmula) con relación al problema social que pudiéramos calificar particular de Andalucía, por ser aquí más bien que en otra parte alguna, realmente angustiosos los requerimientos que para su solución hace la vida misérrima de nuestro pueblo andaluz, a los entendimientos rectos y a los corazones sensibles.
Pero estamos convencidos. Los poderes de Madrid no harán nada por nosotros. Andalucía habrá de resolver, por sí, sus tremendos problemas. Por esto, si en nuestra mano estuviera la fuerza, estaría también la libertad, a la orden de Andalucía.
Andaluces, sabedlo: El Estado español desprecia a nuestro país, actual inerte e imbecilizado por el tormento de la larga tragedia, recibe los puntapiés del señor con inconsciencia, mansedumbre e indignidad esclavas. ¡Pobre Andalucía¡ ¡Ha perdido la dignidad y el valor que la libertad confiere¡. Tiene la repugnante lealtad de un bufón servil, ¡Andalucía adula bajamente al Estado español, a la patria españolista!.
Andaluces cobardes y encanallecidos, sabedlo: Si el Estado español es España, fue España la que vino a arrebataros vuestra tierra nacional sumiéndoos en espantosa miseria: Fue ella quien vino a destruir aquellas arterias complicadas por donde discurría el agua que fecundaba vuestro suelo: fue ella la que arrasó los vergeles que recreaban a nuestros padres: la que castró nuestro espíritu, la que martirizó nuestro genio, la que destruyó nuestra civilización, la que enterró nuestra Historia. Fue ella la que expulsó de nuestro solar a millones de hermanos, dándoles a elegir en dilemas tremendos, entre el destino o el sometimiento a su baja moral: entre la muerte por inanición o la muerte por la espada, Andaluces: Si el Estado Centralista Español fue y es, como dicen sus sostenedores, la España viva, execrad esa sierpe de España. Renegad de ella. Ella apagó ese foco del Andalus cuya memoria es en nosotros, como el recuerdo nostálgico y luminoso de una novia muy amada muerta: cuya resurrección es esperanza de fuego que mantiene encendida nuestra eterna juventud en la peregrinación de nuestros cuerpos ya envejecidos que atisbando la aparición avanzan firmes en su peregrinación por la tierra: Renegad de esa España. Ella no resolverá el problema urgente de vuestra vida. Mantiene esclava vuestra tierra. Os niega el pan. En cuanto al espíritu, España no lo tiene. ¿Cómo podrá infundiros espíritu de vida la que por no tenerlo, lo mató en vosotros? ¡España, España!... El extranjero lo dice. España es una negación de muerte. Para auscultar en España el latir de un original espíritu, han de venir a buscarlo en el espíritu agonizante y estigmatizado que la dominación de esa España dejara a Andalucía.
¡Qué tristeza! ¡Y aún hay andaluces españolistas! Andaluces que ante las ansias libertadoras del pueblo catalán, gritan con inconsciencia imbécil <<¡La unidad de la patria!>>.
Andaluces. Si la patria es espíritu, debe ser un espíritu paterno. ¿Qué cuidados paternos o maternos ejerció con vosotros la patria española? Andaluces hartos o plutócratas. Caciques malvados de la política o de la tierra, con vosotros no hablamos. Vosotros tenéis razón en gritar ¡Viva la unidad uniformista española! Porque vosotros sois españolistas con razón ¡Sois españoles de ese uniformismo que nutrió vuestra panza, único órgano que en vuestra fisiología funciona! Vosotros sois mercenarios de la Patria que os llena el estómago. Vosotros con más propiedad que cierto núcleo anarquista, así calificado, constituís el grupo de los "sin patria".
Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; andaluces de verdad porque es este título expresivo de agobiadores sufrimientos: Andaluces de verdad porque constituís las clases más numerosas de la sociedad andaluza: Andaluces de verdad porque en las clases plutócratas e industriales andaluzas, la sangre de Andalucía no está pura como en las venas nuestras, sino que fue mezclada con la de extraña gente cuyos atavismos étnicos absorbieron la generosidad de la sangre nuestra.
Nos dirigimos a vosotros, andaluces de verdad; noventa y cinco por 100 de la población de Andalucía: jornaleros, colonos, pequeños terratenientes, artesanos, sufrida clase media.
¿Por qué llamáis patria a esa España? ¿Qué paternales desvelos tenéis a España que agradecer?
”.

Manifiesto fundacional de los Centros Andaluces

El primer Centro Regionalista Andaluz o Centro Andaluz fue inaugurado en Sevilla el 22 de Octubre de 1916, por Blas Infante, Rafael Ochoa, Francisco Chico Ganga, Antonio Ariza Camacho y Luís Bejarano Salazar. Editará la revista Andalucía, en la que colaborarán destacados personajes como los ya mencionados fundadores y otros como Gallego Burín, Isidoro de las Cagigas, Pascual Carrión, Fermín Requena, Alejandro Guichot, Lasso de la Vega, o los hermanos Castejón entre muchos otros.
En Abril de 1916 publicará un famoso manifiesto en el que formula las bases de lo que los andalucistas creían que debía ser la política andaluza, y donde se define a los miembros del Centro Andaluz como “hombres libres” que están “por encima de la disciplina de los partidos”. Seguidamente, se dicen cosas realmente interesantes:
Andalucía quiere redimirse; quiere ser grande como ya lo fue; tener el centro de la civilización peninsular y que España, por ella, tenga el del mundo (...) Fortalecer el espíritu andaluz (...) Unir las ciudades y las provincias andaluzas, fomentando el espíritu regional. Como unidad constituida por todas ellas, se destaca Andalucía enfrente de las demás regiones. Desde los tiempos primitivos, no obstante las disgregaciones artificiales interiores, siempre se ha reconocido la unidad de Andalucía, resultado de haber habido siempre en su territorio un pueblo de carácter, personalidad o ingenio distinto de los demás de España, lo suficientemente distintos para producir una diferenciación regional. (...) Capacitar al pueblo andaluz para regirse por sí mismo (...) y administrar por sí sus peculiares intereses con la mira puesta en el desenvolvimiento de todos los órdenes de prosperidad material y moral. (...) En suma: nos proponemos crear un pueblo culto, viril, consciente y libre, capaz de sentir y de amar y de defender el ideal”.
Blas Infante recibirá la responsabilidad de ser Presidente de la Junta Directiva en el período de 1916 a 1919, y de 1920 a 1922 será nombrado Presidente Honorario.

Imágenes: Arriba, el escudo adoptado por los Centros Andaluces y posteriormente por las Juntas Liberalistas de Andalucía, sacado directamente del sello que aún se conserva en la casa de Coria del Río de Blas Infante; abajo, calle Azofaifo, en cuyo nº 2 se ubicó la primera sede del Centro Andaluz de Sevilla, entre Octubre de 1916 y Mayo de 1917 (posteriormente se trasladará a la calle O'Donnel).

Nacimiento del "¡Viva Andalucía Libre!"

Juan Díaz del Moral, andalucista encuadrado dentro del denominado Socialismo Indígena, nos cuenta en su obra Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Antecedentes para una reforma agraria (1929) una importante anécdota, la del nacimiento público del grito << ¡Viva Andalucía Libre! >>: Lo fecha el 17 de Febrero de 1919 en el transcurso de una manifestación de más de doce mil jornaleros y obreros en Córdoba, organizada por Díaz del Moral y otros andalucistas miembros del Centro Andaluz de Córdoba (unas movilizaciones también recogidas en la revista Andalucía), y encabezada por una pancarta blanca con la única inscripción de “¡Viva Andalucía Libre!”.

Este dato lo encontramos corroborado y documentado por Enrique Iniesta Coullaut-Valera –biógrafo de Blas Infante- en el segundo tomo de Blas Infante. Toda su verdad. Volumen II (1919-1933) (2003) de la Editorial Atrio.





El nacimiento del grito de "¡Viva Andalucía Libre!" en la revista Andalucía:
Movimiento Obrero. En alza las subsistencias y en baja los caciques:
“De banderas, carteles, etc., lo que más ha llamado la atención ha sido el lienzo llevado por un grupo de jóvenes, con la inscripción siguiente: ¡Viva Andalucía libre!
(...)
“La manifestación anticaciquista, fue un éxito formidable. Aunque, como atrás decimos, la iniciaran y organizaran las Sociedades Obreras, éstas habían invitado atentamente al acto a las fuerzas izquierdistas, por lo que al comicio aportaron su concurso y entusiasmos, el Centro Andaluz, el Centro Obrero Republicano, la Agrupación Socialista, el Centro Republicano del distrito 7º, la Juventud Republicana Socialista Federal. Asistieron asimismo los representantes en la Diputación y el Ayuntamiento de la coalición regionalista republicana, señores Salinas, diputado, y Azorín, Guerra, Cáceres, Troyano, Garrido, Urbano, Suárez Aranda y Vaquero, concejales”

El caciquismo y la Prensa. Un detalle personal:
“La cívica lucha, representada por el grito generoso de ¡Viva Andalucía libre! y ¡Mueran los caciques!, ha tenido muy varios aspectos y consecuencias”
Fuente: Andalucía, nº 130, Año IV, 22 de febrero de 1919

Pero este hecho no es casual, puesto que se encuadra innegablemente en el contexto del Trienio Bolchevique Andaluz (1918-1921) –o Bolchevista-, período de máxima movilización y tensión en el campo andaluz, especialmente en la provincia de Córdoba. Para enmarcarlo, algunos gráficos:
Huelgas en Córdoba durante el trienio Bolchevique. Fuente: BARRAGÁN MORIANA, Antonio, La actividad política de los andalucistas en la provincia de Córdoba durante el “Trienio Bolchevique”, en Actas del I Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Jerez de la Frontera, Fundación Blas Infante, 1985

Huelgas en la provincia de Córdoba en 1918, 1919 y 1920. Fuente: BARRAGÁN SORIANA, Antonio, Conflictividad social y desarticulación política en la provincia de Córdoba, Ayuntamiento de Córdoba, 1990.



Resultados electorales de las candidaturas de coalición entre republicanos y regionalistas en Córdoba. Fuente: LACOMBA AVELLÁN, Juan Antonio, Regionalismo y autonomía en la Andalucía contemporánea (1835-1936), Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada, 1988; HIJANO DEL RÍO, Manuel, Índice bibliográfico de la revista Andalucía (1916-1920), Sevilla, Fundación Blas Infante, 1992

Candidatura Cordobesa anticaciquista (Córdoba, nº 62, 27/Octubre/1917), y El resultado de la lucha electoral en Córdoba (Córdoba, nº 65, 17/Noviembre /1917)

Córdoba, nº 65, 17/Noviembre/1917
Imágenes:
Arriba a la izquierda: Composición a partir del cartel Trabajador de la Juventud de la Unión Soviética, de V. Votrin, 1986
Arriba a la derecha: Pegatina de NA, "1918-1920: Trienio Bolchevique Andaluz. 80 años de orgullo bolchevique" (7x10cm)
Abajo: Composición a partir del cartel de la película Aurora de Esperanza, Antonio Sau, Sindicato de la Industria del Espectáculo (CNT), 1938

Artículos relacionados:
-Huelgas Agrarias
-Juan Díaz del Moral

Pendón de las Navas de Tolosa

Pendón arrebatado a modo de trofeo o motín de guerra a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (Jaén) en el año 1212, y secuestrado hoy en el Monasterio de las Huelgas Reales (Burgos). Con un tamaño de 3’3 por 2 metros, está tejido en oro, plata y sedas con predominio los colores rojo, amarillo, azul, blanco y verde, con inscripciones de alabanza a Allah que rodean una gran estrella central de ocho puntas. Tradicionalmente se ha identificado como un trofeo arrebatado a las tropas musulmanas en dicha batalla, incluso como parte de la tienda o qubba del almohade Al Nasir, pero es evidente que se trata de una bandera por su confección y por su parecido con otras muchas aparecidas en las miniaturas de las Cantigas y en las pinturas de El Partal de la Alhambra. C. Bernis, por otro lado, cree más factible que en realidad fuera efectivamente un tropeo de guerra, pero algo posterior, conseguido por Fernando III de Castilla y donado al monasterio cuando éste hizo la obra de su claustro.
Tal es su significación, que fue exhibido por Franco en el primer desfile de la Victoria de 1939, como símbolo de su “cruzada”.

En el año 1953 se llevó a cabo su restauración, y desde entonces cada año la máxima autoridad militar porta en la procesión del Curpillos una copia bastante fiel.
Hay otras muchas piezas clave de nuestra identidad, patrimonio histórico-cultural del Pueblo Andaluz, que siguen enajenadas fuera de nuestra tierra (síntoma de que seguimos siendo un pueblo colonizado), entre las que destacan algunas como los manuscritos de El Escorial de Alfonso X, los leones de las Cortes de Madrid, la Dama de Baza o el Soldado de Osuna.

Imágenes: Arriba, foto del Pendón de las Navas de Tolosa, y reducción en bloques de color para su mejor comprensión; abajo, dos idealizaciones de cómo habría sido preparado como pabellón de guerra.

Artículos relacionados:
-Bandera de Cantoria
-Banderas de Boabdil
-Estandarte de Colls

Andalucía en la Sociedad de Naciones: El Congreso de la Paz

En 1918, tras finalizar la Primera Guerra Mundial, se organizará la Sociedad de Naciones para intentar solucionar de manera pacífica los conflictos fronterizos entre los diferentes estados –sin muy buen resultado conociendo la historia posterior, y como precedente de la inoperatividad de la ONU-, momento que será aprovechado por numerosas naciones europeas sin estado para hacer oír sus reivindicaciones.
Andalucía, Cataluña y Euskadi presentarán al unísono idénticas reivindicaciones ante la Sociedad de Naciones de Ginebra en ese año. La andaluza será redactada por Blas Infante y José Andrés Vázquez y presentada por este último ante este Congreso de la Paz de la Sociedad de Naciones. Las posturas mantenidas por el andalucista serán claramente pertenecientes a la corriente posteriormente denominada como Tercermundismo, siendo consciente de la estructura sociopolítica andaluza como de colonial frente a otros pueblos del estado español, planteando reivindicaciones claras como el mantenimiento de la Paz por el desarme, el reconocimiento de la libertad de los pueblos y de las autonomías de los que reclamen su autogobierno dentro de otros estados, desarme aduanero y socialización de un mercado común, o una política clara de descolonización. Y recoge citas tan interesantes como las siguientes:
“…pueblo es grupo humano, definido por la necesidad o por la historia para realizar por sí sus destinos propios…”
“…reconocimiento político de todos los grupos humanos que, en el ejercicio de su libertad, reclamen su derecho a un vivir distinto…”
Hora es ya de que los principios de justicia, libertad, no sean sólo pronunciados por los labios, sino vividos en la realidad por las democracias burguesas. Si este programa no se lleva a cabo, saldrá la revolución por la guerra y la democracia trabajadora enarbolará la bandera roja de la revolución por la paz definitiva
Andalucía pide ante la Sociedad de Naciones la integración de su territorio por la devolución de GIBRALTAR, para poder formar integralmente en el concierto de las nacionalidades libres de la península, en los Estados Unidos de Iberia”.
Ni qué decir tiene que todas estas reivindicaciones fueron boicoteadas y Andalucía no fue escuchada, con el beneplácito y complicidad de los gobiernos español e inglés.
A modo de anécdota, estaría simpático conocer que en los diversos Centros Andaluces se podían adquirir ejemplares de La Sociedad de las Naciones. Índice: La Sociedad de las Naciones y el Regionalismo andaluz- Biología del Ideal (evolución fundamental e histórica) - Estudio de una organización internacional basada en el programa de Wilson - Después del Armisticio - Alegato de Andalucía ante el Congreso de la Paz, escrito por Blas Infante, por 2,50 pesetas; y La reivindicación de Andalucía en el Congreso de la Paz, por José Andrés Vázquez, por 0’50 pesetas, ambos publicados por Editorial Avante.







Portada de la revista Andalucía (nº 186, 14 de abril de 1920), en que aparece Gibraltar como población de Andalucía.





Varias pintadas que nos mandan desde el Campo de Gibraltar.Monumento a la entrada al peñón, donde se representan las columnas de Hércules y el pasado andalusí (gracias a La Hache Andaluza).

Escudo monárquico y británico de Gibraltar en el City Hall; y el escudo auténtico de Gibraltar -igual que el de la ciudad de San Roque- en un monumento.

Artículo relacionado: San Roque y Gibraltar "andaluz"

Pascual Carrión

Pascual Carrión y Carrión, insigne agrónomo y miembro del censo de Andalucistas Históricos, nacido en Valencia el 3 de Noviembre de 1891 y fallecido en 1977. Comenzará una activa vida política y andalucista durante el Trienio Bolchevique Andaluz (1918-1921), ingresará en el Centro Andaluz de Sevilla, del cual será Vocal de la Junta Directiva en 1919, y participará en la Asamblea de Córdoba del mismo año, marcando el punto culminante de la colaboración con Blas Infante. Posteriormente, concurrirá a las elecciones de 1931 junto con Infante y Vallina por la Candidatura Republicana Revolucionaria Federal Andalucista.
Su concepción del Andalucismo en el plano económico es una síntesis de las doctrinas marxistas, georgistas y anarquistas, guiándolas hacia un proyecto peculiar andaluz al que los teóricos han denominado como "Socialismo Indígena" o "Socialismo Libre". Suya será la cita que ha pasado a la historia como una de las más esclarecedoras y definitorias de todo el compromiso del Andalucismo con su tiempo: “Inclinémonos siempre a la izquierda, junto con los trabajadores, nunca del lado de los explotadores”.
Gozará de gran prestigio y reputación personales, siendo nombrado Secretario de la Junta Central de la Reforma Agraria entre 1931 y 1932, y Jefe del Instituto de Reforma Agraria entre 1937 y 1938. Todo ello, le sirvió para ser duramente represaliado una vez triunfado el golpe fascista español, siendo privado de libertad durante un tiempo y “depurado” e inhabilitado durante décadas. Se le abrirá expediente formal y se le señalará como destino forzoso la plaza de Ingeniero Director de la Estación de Viticultura y Enología de Requena, desde 1941 hasta su jubilación en 1961, para ser apartado así de todo posible contacto político en ninguna gran ciudad andaluza.
En 1976 participará en el homenaje que se le brindará a Blas Infante en Casares, acto prohibido por la autoridad civil pero que aún así se realizó.
Su pensamiento puede resumirse en su siguiente cita: “El panorama andaluz no es un problema de orden público, ni tampoco exclusivamente de paz social, sino que es un problema más hondo, es de reconquista de un pedazo de nuestro suelo que en su mayor parte se encuentra en poder de unos cuantos señores que dificultan su normal desarrollo e impiden, quizá inconscientemente, que alcance la prosperidad que por sus condiciones naturales le corresponde”.
De él dirá Blas Infante: “La obra de Pascual Carrión jamás será bastante agradecida por los andaluces (…) Merced a él, Andalucía y la Historia de Andalucía, ante la justicia universal, contará siempre con recursos formidables para formular un tremendo “yo acuso” contra los regímenes que vino a establecer la conquista denominada cristiana”.
Fuente: Asociaciones obreras en Andalucía a comienzos del siglo XX, Amalia Castillo Noguera, Pilar Fuertes de Estefi, Rafael Maldonado Majada, en Actas del I Congreso de Andalucismo Histórico, Fundación Blas Infante, Jerez de la Frontera, 1985
Imagen: Composición a partir del cartel "El Hombre será libre por el Socialismo", de J.Barreira, para la Federación Socialista Valenciana durente la IIª República.

Banderas de Boabdil

Una de las primeras referencias de la utilización de los colores blanco y verde como símbolos andaluces en la Andalucía ya conquistada -es decir, se trata de una continuidad en el uso de los mismos- la encontramos en el escudo de armas de Diego Fernández de Córdoba, III Conde de Cabra y Alcaide de los Donceles, desde 1483, quien logra hacer prisionero al mismísimo Boabdil en la batalla de Lucena, confiscándole a su ejército 22 banderas, 18 de ellas verdes y blancas, y otras tantas con estrellas de ocho puntas.
Este escudo puede observarse en el altar mayor del convento de Madre de Dios de la localidad cordobesa de Baena, y en uno de los cuarteles del escudo incluso aparece la cabeza del capturado Boabdil, a modo de premio. Toda una síntesis de la trágica historia medieval de Andalucía.
Algunos autores de tendencia historicista, como Manuel Nieto Cumplido, sitúan el origen de la Andalucía actual como nación, y del Andalucismo como movimiento histórico nacional, poco antes de este momento, en el siglo XIII, con la creación de la persona jurídica de la Hermandad General de Andalucía -a raíz de estas victorias militares-, que ostentaba una conciencia nacional y diferencial, puesto que dicha hermandad mantenía relaciones en toda regla de tipo “internacional” con el Reino de Castilla, como un reino extranjero más. Hermandad reunida por primera vez en la hoy localidad de marcada significación andalucista de Peñaflor (Orígenes del Regionalismo Andaluz (1235-1325), Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, 1979).
Imágenes: Fachada del Palacio de las Dueñas en Sevilla, con el escudo familiar del Ducado de Alba, heredero directo del mencionado anteriormente; escudo del Monasterio de Madre de Dios aparecido en la revista Andalucía en la Historia; y algunas reproducciones idealizadas de las banderas de Boabdil.

Artículos relacionados:
-Banderas andalusíes en la heráldica andaluza
-Breve historia de la bandera andaluza
-Canillas de Aceituno, Sedella y Boabdil