La muerte de España

Ballesteros (1) ha muerto. Los españoles ya no conciben la heroicidad de los que mueren por el bien de la Patria o luchando contra la Naturaleza por la gloria y el progreso de la Humanidad. El ideal español se ha refugiado en las plazas de toros. La heroicidad está en morir en las astas de un pobre animal desesperado por un pobre martirio.
La Diputación de Zaragoza, con maceros, representantes de las Corporaciones, la oficialidad del Regimiento de Aragón y el pueblo entero aragonés se han manifestado imponentemente con la muerte de Ballesteros. Los periódicos dicen que lo han enterrado cerca de la tumba de Costa, el león herido que representó la agonía de España. La profecía se ha cumplido. España ha muerto, y a nosotros toca no ya llorar su agonía, sino aspirar los miasmas de su cadáver insepulto.
Pronto vendrán los enterradores, cuando terminen otras ocupaciones más urgentes que los retienen en los frentes de batalla.
España ha muerto. Los Austrias prepararon su asesinato. Los políticos centralistas consumaron su muerte. Ya no existe su instinto de conservación patriótica ni social. A los pocos hombres que deseen tener patria en su propio suelo, no les queda otro recurso que crear, engendrar y parir nacionalidades renacientes y patrias nuevas.
Andaluces: España ya no os podrá defender. Tened conciencia de vuestra próxima soledad ante el extranjero.
Si queréis vivir y complementar vuestra fuerza, habréis de pensar ante todo en ayudar el débil revivir de la patria andaluza y en clamar y luchar por la Federación de las naciones de Iberia.

Fuente: Andalucía, Revista mensual, editada por el Centro Andaluz de Sevilla, nº 11, Abril de 1917
(1) Florentino Ballesteros, torero zaragozano muerto por asta de toro en 1917
Imagen: Manifestación contra la Cumbre de Jefes de Estado de Sevilla en 2002