Centro Andaluz de Huelva

PROPAGANDA REGIONALISTA
Ya está fijada la fecha en que se empezará la campaña de propaganda en la provincia de Huelva.
Invitado por los correligionarios de la capital, dará en ella el señor Infante una conferencia el día 15 a los intelectuales onubenses, y otra el 16, al pueblo de Huelva. Le acompañará el Secretario de este Centro, nuestro gran poeta señor Rodríguez de León, quien también tomará parte de dichos actos.
Fuente: El Regionalista. Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía, Sevilla, Año II, nº 29, 12/Junio/1918, pág. 1

De propaganda
EL REGIONALISMO EN HUELVA
La prensa de Huelva, dedica extensas informaciones a la conferencia del señor Infante en el Círculo Artístico de Huelva. El acto fue enaltecido por la presencia de las señoras.
Por falta de espacio no podemos publicar extracto alguno de estos actos de propaganda, dado que además, la prensa diaria se encarga de llevar la información de los mismos a los más apartados rincones.
La Junta Provisional de Centro Andaluz, quedará a la hora en que editamos este número, oficialmente constituida. Han ingresado nuevos y valiosos elementos con los ya existentes en Centro Andaluz.
Este empezará enseguida el desarrollo de su práctica labor, para lo cual ya tienen en cartera los regionalistas onubenses varios proyectos de campañas encaminadas al mejoramiento de los intereses de la localidad.
En los pueblos de la circunscripción se constituyen núcleos, debidos a la meritoria labor de nuestros compañeros de Huelva.
Agradecemos a todos el recibimiento y las atenciones múltiples que en su bella ciudad han dispensado a los señores Infante y Rodríguez de León, el Secretario de esta Sección que en un hermoso poema expresó nuestras ciencias regionalistas.
Fuente: El Regionalista. Defensor de los intereses autonómicos de Andalucía, Sevilla, Año II, nº 31, 26/Junio/1918, pág. 1

Escudo antiguo y bandera de Huelva
Artículos relacionados:
-A manera de himno, A. Rodríguez de León
-Manifiesto fundacional de los Centros Andaluces

III Simposio CEHA


Simposio bianual del Centro de Estudios Históricos de Andalucía (CEHA), 3 y 4 de febrero de 2012, Centro Cívico La Buhaira (Sevilla).
Artículo relacionado: Centro de Estudios Históricos de Andalucía

Manifestación contra el raci$mo

Manifestación contra el racismo, la xenofobia y la homofobia.
Convoca: Sevilla Plural
Artículo relacionado: Antifascismo en Andalucía

Vindicación de Andalucía

Por Rogelio Buendía Abréu
Las Noticias,
Huelva 6 de Julio de 1927
Para el admirado poeta Adriano del Valle, andaluz que ha visto Andalucía.

A nuestras manos llegan dos folletones del periódico madrileño El Sol, en los cuales y con el título “Teoría de Andalucía”, el ilustre pensador D. José Ortega y Gasset hace unas apreciaciones sobre nuestra región y el carácter de los andaluces, que juzgamos en muchos puntos erróneas y apasionadas.
Por ambas cosas, y por venir de un hombre que representa un valor positivo y eminente entre los intelectuales de España, no podemos dejar de tratar de refutarlas con toda la energía que presta a nuestro ánimo el amor a la tierra en que tuvimos la dicha de nacer.
Reconocemos los méritos del autor de “Las meditaciones del Quijote”, y reverentemente nos descubrimos ante su gran talento; pero sinceramente creemos que en el trabajo aludido se ha partido muy de ligero.
Y hacemos esta afirmación porque para juzgar y definir una cosa no es bastante una teoría, mejor o peor enunciada sobre el papel, y al correr de la pluma. Es de mayor efecto, y pesa más la práctica que dan las cosas vividas y estudiadas sobre el terreno.
Un gran arquitecto puede, sin duda, planear imaginativamente una escalera para llegar hasta el firmamento; pero es lo más fácil, que por error de cálculo, se encuentre que al llegar al último escalón vea con el natural asombro que no había contado que tenía que dejar el espacio necesario para colocar la puerta de entrada, y que el postrer escalón cerraba el trecho.
Esto es lo que creemos que le ha ocurrido al ilustre autor de “España invertebrada”. Que ha sufrido una pequeña distracción y ha hecho una pintura cuyos colores no se ajustan, ni mucho menos, en todo, a la realidad.
Nos muestra el Sr. Ortega y Gasset a la España del S. XIX como sometida a la influencia espiritual –hegemónica, dice él- de Andalucía.
El sombrero de catite –prenda que usaron en su tiempo solamente los bandoleros y gitanos- es el símbolo de nuestra región, y según la peregrina teoría del ilustre pensador, predominó sobre las demás prendas con que cubrieran sus seseras los españoles de aquella época.
Define a la Andalucía de entonces diciendo que es un terrado, unos tiestos, y cielo azul y que son considerados como héroes nacionales el ladrón de Sierra Morena y el contrabandista. Añade a continuación que España entera sentía justificada su existencia por el honor de incluir en sus flancos –en uno de sus flancos quiere decir- a esta Andalucía de cante jondo y baile flamenco que no describiera mejor que él cualquier autor extranjero de los que han despotricado, con mejor o peor fe, sobre nuestras costumbres. El talante preclaro de sus hijos no aparece en esta descripción para nada. No existe para el teorizante, y es harto depresivo para el resto de la nación, el representarla dejándose influenciar por una región tan chabacana como la que se describe.
Para el autor de la citada “teoría” el andaluz campesino vive todavía sujeto a una semidieta de gazpacho.
Este modo de engañar el hambre, puede ser que existiera en otros tiempos en algunos pueblos. En mi provincia –Huelva- no se padeció jamás tamaña miseria; y hoy ni aquí, ni en ningún lugar; por pobre que sea, sale un hombre a trabajar al campo a trabajar por tan poco nutritivo alimento. En cuanto al resto de los andaluces, si no comen tanta carne como los norteños, es porque el desgaste de sus calorías no les exige el comer más. Es cuestión de clima, y no de mejor o peor cocina. Sabemos que el autor de “El Espectador” no es andaluz, aunque creemos que la segunda enseñanza la cursó en el Instituto de la ciudad de Málaga.
Suponemos que desconoce la Andalucía actual, y por lo tanto no nos extraña la definición que hace de nuestro carácter, ni el que confunda el cuchillo sevillano, procaz y dicharachero, por las personas que trabajan con ahínco por el engrandecimiento de la ciudad.
Sevilla, Málaga, Huelva, Córdoba, Granada y demás capitales son hoy ejemplos magníficos del empuje formidable del trabajo y la actividad de los hijos de la noble Andalucía, a los cuales el Sr. Ortega y Gasset califica con demasiada ligereza, de holgazanes. Y como si esto fuera poco, compara nuestra raza con egipcios y chinos, por sus pocos arrestos bíblicos y su floja resistencia a los invasores de su suelo. Según él, tanto el chino como el andaluz oponen a aquellos la resistencia del colchón; esto es, ceden.
Mal momento ha elegido el articulista para hacer tamañas aseveraciones, cuando precisamente ahora, tanto Egipto como China, están dando grandes muestras de entereza y de amor a su independencia… De un grave pecado tenemos que acusarnos los andaluces, y es el desmedido afán que tenemos de no reconocer jamás el talento, o el valor de nuestros paisanos. Este es realmente nuestro defecto capital, y no la filosofía que nos atribuye el autor de la “Teoría de Andalucía”, de vivir sobre la tierra con el mínimo esfuerzo, haciendo de la pereza una especie de virtud. Palmariamente reconocemos, lamentándolo de todo corazón, que el carácter andaluz jamás se distinguió por su colectivismo y sí por su detestable individualismo, llevado hasta la exageración.
Esta falta de unión es la que debiera fustigar el Sr. Ortega y Gasset, y no echarnos en cara como un sambenito nuestra supuesta flojedad milenaria, y nuestra falta de energía guerrera para combatir al invasor de nuestro suelo.
Como error de bulto conceptuamos esta última apreciación; porque si nos remontamos a la invasión de Andalucía por los Árabes, cabe preguntar al ilustre pensador: ¿Podían los andaluces de entonces –yunque sobre el cual descargaba un yunque numerosísimo y bien armado- aguantar ellos solos el terrible nublado que cubría casi por entero el territorio peninsular? ¿De dónde les podía venir auxilio? ¿No sabe el articulista que
Dios protege a los malos
cuando son más que los buenos?
En los hechos que se narran en la Historia no hay que fijarse tan sólo en su magnitud, sino que debemos tener muy en cuanta las consecuencias que en un porvenir más o menos remoto, de ellos se derivan.
Y en el caso concreto de la invasión de Andalucía, la consecuencia inmediata fue el aislamiento en que se vio.
Nuestra región, aún más que la de Valencia y Murcia sufre los rudos asaltos de los sarracenos, codiciosos de sus riquezas, no con la muelle resistencia de los chinos, sino de la misma manera inevitable con que sufren los embates de un mar encrespado, los arenales de la costa más cercanos al líquido elemento.
En un principios resisten los feroces zarpazos, domando así algo la bravura del coloso; pero al cabo son anegados por las aguas tumultuosas, que vencida esta primera resistencia, se van extendiendo con relativa suavidad por la parte más elevada de la playa, y allí hacen alto cual si cansadas se sintieran.
Cuando la riada oriental, después de vencer la resistencia de los andaluces y la que le opusieron los habitantes de los aún nonnatos reinos de Castilla y León, se topó con el muro que a su paso levantaron astures y cántabros, ya el primero y más bárbaro ímpetu de la corriente que de los campos meridionales subían inundándolo todo, iba un tanto domado, y los montes de Asturias y Cantabria, fueron para aquella marea humana lo que las arenas de la parte alta de la playa, para las aguas del mar.
Imagen: Arco del triunfo de París, donde aparece Andalucía como una de las naciones conquistadas por Napoleón (Fuente: identidadandaluza).
Dice el insigne Ortega y Gasset que el pueblo andaluz no es guerrero.
Colectivamente quizá no lo sea, y esto prueba que su civilización y su cultura no son meramente campesinas, como aquel afirma de manera rotunda.
Y se da el caso singularísimo de que a pesar de esta carencia de vis guerrera que le atribuye el teorizante, es precisamente de esta Andalucía tan poco dada a funciones bélicas, de donde sale el único guerrero español que puede codearse con los más grandes genios de la guerra que la humanidad haya producido en el transcurso de los siglos: El Gran Capitán Gonzalo de Córdoba.
Odiar la guerra y abominar de sus horribles estragos, no podemos reputarlo nunca como cobardía ni amaneramiento, y mucho menos como falta de amor y energía para defender el solar patrio. Todo lo contrario, porque un pueblo ofendido entra en ella, aunque la repudie.
Allá va la prueba de lo que a este respecto toca a nuestra tierra tan blanda, según el Sr. Ortega y Gasset, a nuestros invasores.
Muy reciente está todavía la invasión de los ejércitos franceses que llevó el luto y la ruina a todos los ámbitos de la tierra española.
Entraron los soldados de Napoleón en todas partes, y del mismo modo llegaron a este paraíso, que se llama Andalucía, pueblo holgazán y flojo, con flojedad de dinero, según la donosa “Teoría” del autor que motiva estos renglones.
Desde la rendición de Granada, ningún ejército extranjero había hollado con sus plantas el suelo andaluz.
Y ahora preguntamos nosotros:
¿Flaquearon los andaluces? ¿Se entregaron inermes en los brazos del invasor?
Sería volver las espaldas a la historia, cerrando los ojos adrede, para no ver que en esta ocasión –la más reciente que todos conocemos- los pueblos de Andalucía, dando de lado al tradicional individualismo, se unen, y forman un apretado haz para defender sus hogares, y la independencia de la nación.
De todos lados, como fantástico hormiguero surgen partidas de guerrilleros, que sueltos o unidos al ejército regular, combaten de manera desesperada, y mueren matando, con el mismo entusiasmo, con igual coraje que los demás españoles.
El colchón andaluz se puso duro, y testigos de ello son todavía los viejos pozos de las casas de multitud de pueblos, en cuyos fondos, y revueltas en el légano centenario, aún se pueden hallar pruebas fehacientes, muestras inequívocas del cariño y dulzura con que nuestros abuelos acogieron al invasor.
No contentos con esto, aquellos blandengues andaluces quisieron hacer, e hicieron lo que nadie había hecho en el mundo: vencer a Napoleón.
Gentes de Córdoba, de Málaga, de Sevilla, de todos los rincones más apartados de la región, en abigarradas mezcolanzas, se unen a los soldados que manda el General Castaños, y sufriendo los rigores de un sol que hace que se respire fuego, ganan la batalla de Bailén, que es el principio de Santa Elena.
Y esta humillación de las águilas imperiales, que parecía inconcebible en todo el mundo, se hizo como se hacen todas las heroicidades, de una manera sencilla, ruda tal vez; ¡con las varas de los arrieros!
Y vamos a otro punto.
La pereza de Andalucía, la achaca el Sr. Ortega y Gasset a la vejez de la raza que puebla esta región. Esta vejez y esa raza a que se refiere en su “Teoría” son muy discutibles y de origen confuso, pues la civilización milenaria que indica, y que resbalando por el frontal de la Libia, influyó en Oriente, se supone que se desarrolló solamente en la presunta región de Tartesos, o sea, en los pueblos comprendidos entre los ríos Guadiana, Odiel y Tinto. El resto de Andalucía, incluso Sevilla, no puede ser incluido en aquélla.
Pero dejando a un lado tantas otras razones como pudiéramos aducir, y que harían interminables este artículo, tiene nuestra región en su historia un hecho tan excelso, que ningún pueblo del mundo lo registra en la suya, el cual, por sí solo, aunque fuera cierto su pecado de pereza, le sería perdonado, no una, sino mil veces. Este episodio sin par es el descubrimiento de América.
¡Bendita seas por los siglos de los siglos, ¡oh, mi gloriosa Andalucía!, de cuyas entrañas nacieron las madres de aquellos bravos marinos que acompañaron a Colón y a los Pinzones en su temerario viaje, para ofrendar a la Humanidad un nuevo mundo!
Juzgue el lector ahora, y diga lealmente, si un pueblo, entre otros mil, diera a la patria héroes tales puede ser nunca tachado de holgazán y de poco idealista.
La verdad es que cuando empezamos a leer su artículo, esperábamos otra cosa, más honda, más trascendental y sobre todo algo más nuevo, digno de la preclara inteligencia y de la justa fama del autor de la “España invertebrada”.
Fuente: GONZÁLVEZ ESCOBAR, José Luis, “Andalucía vista por los onubenses: de Jacobo del Barco a Buendía Abréu”, en VVAA, Actas del VI Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1995

Más información: http://cronicasdehuelva.blogspot.com

Minas de Riotinto Andalucista


El municipio de Minas de Riotinto, aunque “teniendo en cuenta la situación económica, se decide no enviar ningún representante”, acuerda en sesión plenaria el 17 de octubre de 1932 adherirse por unanimidad a la Asamblea de Córdoba de 1933.
Fuente: DÍAZ ARRIAZA, José y RUIZ ROMERO, Manuel, El proceso autonómico de Andalucía durante la II república, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1991

Carátula de El corazón de la tierra, película basada en la obra del riotinteño Juan Cobos Wilkins:

Necrópolis romana de La Dehesa, actualmente propiedad de la compañía minera Tartessus:

Artículo relacionado: Asamblea de Córdoba de 1933

Carta de Jesús Martín Jiménez a Infante

Carta de Jesús Martín Jiménez (1) a Blas Infante:
AA2 1(2)
Estepona -28-V-934.
Querido Blas: Si “cuando uno no quiere, dos no riñen”, cuando uno no quiera, tampoco se interrumpe la correspondencia entre dos; y eso he de hacer yo contigo; escribirte aunque no contestes; lo que quiere decir que no te lo tomo a mal, aunque lo sienta, pues me hago cargo de lo mucho que siempre has de tener que hacer.
Supongo que el periodiquito (3) terminaría, cuando ya hace tanto tiempo que no lo recibo, ni noticia alguna que a él se refiera. Se vio nacer casi sin vida, y, naturalmente, ha durado poco; paciencia, y a otra con valentía; supongo que Álvarez Ossorio recibiría el importe de la acción que me asignó.
El “Don Quijote”, también parece que ya va aburriendo a los lectores; creo, y que me perdonen sus inspiradores, que se le ve demasiado el triángulo y el compás; no les ha faltado más, y así debieron hacer, que pintar al Ingenioso Hidalgo, a la cabeza del periódico, con el compás por lanza y el triángulo por escudo; así, nadie se hubiera llamado a engaño; en verdad, no ha respondido, a mi juicio, a lo que se anunciaba; ya, la carne de cura no la toleran más que estómagos estragados, y pasó de moda; solo la sirven los que no tienen otras viandas en su despensa.
De política, más vale no hablar; parece que la República se nos va, por no decir se marchó; pues esto que nos queda, maldito lo que tenga de espíritu republicano; quien lea ahora tu obra sobre el complot de Tablada, te considerará un profeta; ¿qué se puede esperar ahora? ¿en donde se puede poner la vista? y ¿con qué hombres podría contarse para ello? De los que se han dado a conocer, más vale no acordarse.
Tenemos que encastillarnos con nuestras doctrinas, propagarlas lo que se pueda y procurar mantenerlas limpias; si no en nuestros tiempos, en los que vengan después llegarán a imponerse, pues no hay otras esperanzas.
Según recientes declaraciones de Capáz, muy en breve se han de crear en Marruecos nuevas Intervenciones; te lo digo, por si pudiera hacerse algo.
Y dejo para lo último, lo que casi me ha movido a escribirte hoy; el programita de festejos en Granada, que he visto esta mañana, y que te mando, para que te indignes tanto o un poquito más de lo que yo me he indignado al verlo; La Granada de los Reyes Católicos, indignada, sin duda, al ver que la Capitalidad de Andalucía no es ni puede ser nunca para ella, parece que está dispuesta a renegar de Andalucía, y trata de formar con Almería y Murcia un territorio de que ser capital; después de la canallada, quedará en ridículo, pues no es de esperar que Murcia se preste a eso; más bien formaría parte de una Andalucía única; pero formar un grupito por dar gusto a Granada, la renegada de Andalucía, sería mucha candidez. Dime que pienses de esto.
Nuestros afectuosos recuerdos a Angustias, y de Carmen para ti; besos a los chicos, y te abraza tu siempre mejor amigo.

Fuente: CentrA:

(1) Jesús Martín Giménez, farmacéutico y procurador, es el representante de la Junta Liberalista de Andalucía (JLA) en Málaga.
(2) Esta anotación manuscrita a lápiz corresponde a la clasificación de los manuscritos realizada por Enrique Iniesta.
(3) Posiblemente se refiera al semanario Andalucía Libre (para España y la Humanidad), editada en Sevilla en 1932.



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-2 de enero de 1933
-Junta Liberalista de Andalucía

CUANDO YA ONDEA NUESTRA BANDERA…

Estos son el escudo y el himno de Andalucía
•La melodía fue compuesta por el maestro Castillo, director de la Banda Municipal de Sevilla
Ha quedado consagrado felizmente el uso público, oficial y privado, de la enseña verde-blanca-verde, como símbolo permanente de la fraternidad del pueblo andaluz.
Pero, aparte de la bandera, existen tres símbolos que no han sido objetos de comentarios por olvido sin duda. Se trata del escudo, el himno y la partitura musical, que publicamos con las presentes líneas.
A la vez que los expongo, quiero salir al paso de una versión, impremeditada y errónea, incluida recientemente en una gacetilla periodística con el maléfico propósito de desorientar a sus lectores llevando al ánimo de los mismos el convencimiento de que el líder regionalista Blas Infante se desenvolvía en medio de un círculo de personas mediocres, por cuya razón el ideal redentorista andaluz careció en su tiempo, al aparecer en la escena social, de la fuerza necesaria para inculcarlo en el sentimiento popular.
Nada más lejos de la realidad. La verdad es que Blas Infante y sus camaradas andalucistas operaron con recursos financieros insignificantes y ante unos periódicos hostiles, salvo contadas excepciones, a la evolución hacia el regionalismo y siempre atentos a cultivar la mentalidad medieval, formada por cerebros adormecidos con las normas de la “esclavitud” impuestas por los conquistadores del territorio.
A la Asamblea de Ronda de 1918, donde fueron aprobados los cuatro símbolos representativos, concurrieron andaluces de las ocho provincias de variadas ideología y condición social. Entre estos figuraban, por sí o en representación formal, personas inteligentes y sumamente cultivadas en estudios universitarios.
Entre los miembros más destacados del andalucismo recuerdo al catedrático Álvarez de Salamanca, de Granada, fusilado en 1936; Luis López Dóriga, deán de la catedral, secretario del Arzobispado y profesor del seminario de Granada, fallecido en el exilio, siendo párroco de un pueblecito de México. Juan Sánchez Mejías, ingeniero agrónomo y publicista, de Málaga; Pablo Lazárraga, famoso médico malagueño; Alfonso Lasso de la Vega, alcalde del Alcázar de Sevilla; Antonio Ariza Camacho, médico y director de la revista “Andalucía”, de Sevilla, también fusilado en 1936; Mariano López Muñoz, gaditano, publicista y director de la revista “El Regionalista”; José Mª Izquierdo, abogado y publicista; Felipe Cortines Murube, abogado y publicista; Antonio Leonis, abogado y presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla; Isidro de las Cajigas, abogado y publicista; Juan Lafita Díaz, miembro de la Real Academia de la Historia y periodista; Alejandro Guichot, catedrático de Historia; Eugenio García Nielfa, redactor jefe del “Diario de Córdoba”; Rafael Castejón, de Córdoba, catedrático de Veterinaria; Adolfo García y R. de Aumente, teniente coronel de Caballería y presidente de la Liga Andaluza para el “Impuesto Único; Gabriel González Taltabull, Gobernador Civil de Cádiz cuando la República, fusilado en 1936; Fernando de los Ríos Guzmán, poeta sevillano, etc.
Quisiera disponer de más espacio para completar la elite de andaluces ilustres que se prestaron con entusiasmo y fe a laborar con Blas Infante para reavivar la conciencia andalucista, hombres dignos que acostumbraban a pensar con la cabeza propia y no con la ajena, que se estimaban independientes y que estaban unidos espiritualmente por un común amor a Andalucía.
E.L.O.
Fuente: El Correo de Andalucía, Sevilla, 15/Marzo/1977


A mi entrañable amigo
D. Manuel Ruiz Lagos

Emilio Lemos
25-7-75



Algunas de las personalidades mencionadas en el artículo:

Antonio Ariza Camacho, Isidro de las Cagigas, Rafael Castejón, Felipe Cortines Murube,

Eugenio García Nielfa, Alejandro Guichot,José María Izquierdo, Juan Lafita (en una caricatura de la revista Bética),

Alfonso Lasso de la Vega (portada de su biografía Sevilla en el recuerdo),Luis López Dóriga, Mariano López Muñoz, y Gabriel González Taltabull (abajo).




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-Breve Historia del Escudo de Andalucía
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-Emilio Lemos Ortega
-Las JLA y el Impuesto Único

El Himno de Andalucía en Melilla

Está documentado que el Himno de Andalucía suena por primera vez en Melilla el 20 de septiembre de 1935, interpretado a piano por Francisco Beltrán a través de la emisora de radio EAJ Radio Melilla, en uno de los espacios culturales andalucistas que ésta ofrecía, sonando además tras una conferencia de Fermín Requena titulada "Alma mora de Andalucía".

Fuente: Boletín del Centro de Estudios Históricos de Andalucía, nº5, Junio/1996
Cuando la hora de Andalucía suene en el reloj del tiempo, a Requena y su revista “Vida Marroquí” habrá que agradecer la mitad de sus campanadas”, Blas Infante
La ‘Agrupación Liberalista Andaluza’ no es una organización nueva que quiere implantarse en nuestra ciudad con determinados fines políticos. ¡No! Dicha Agrupación existe hace ya bastantes años en toda Andalucía, y a ella pertenecemos desde su fundación, siguiendo la ruta luminosa del líder del regionalismo andaluz, don Blas Infante”, Fermín Requena

Fuente: “Andalucía y Marruecos”, Vida Marroquí, 16/Agosto/1931, en HIJANO DEL RÍO, Manuel, “La prensa andalucista: ‘Vida Marroquí’”, Boletín del Centro de Estudios Históricos de Andalucía, nº 9, Enero-Febrero/1997
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-Breve historia del Himno de Andalucía
-Ceuta y Melilla
-Fermín Requena
Enlaces relacionados:
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-Fermín Requena, cronista oficial de Algeciras

Pervivencia morisca en Alcalá de Guadaíra

En la localidad de Alcalá de Guadaíra se conservan numerosos vestigios de la pervivencia andalusí tras la conquista castellana, pero no sólo en arquitectura o en la toponimia de muchos de sus emplazamientos (Ben Arosa, Benazúa, Benagila, Adufe,…), sino también de la presencia física, como este molino de “La Tapada” (oficialmente debido a una “penitente” que moró en el lugar), que inevitablemente recuerda a las “Tapadas” de Mojácar o a las “Cobijás” de Vejer de la Frontera.

Imagen del Molino de la Tapada, con un trampantojo con las armas de Afán de Ribera (Ducado de Alcalá de los Gazules) y de Haro (Marquesado del Carpio).
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-Vejer Andalucista

2 de enero de 1933

VERDE Y BLANCA
MISIVA DE HERMANO
A los andaluces –cristianos, musulmanes y sefardíes- de Marruecos.
Tiempo hacía que tenía yo vivos deseos de ponerme en contacto con vosotros, mis dilectos hermanos de ese lado del estrecho, siquiera fuera espiritualmente.
Porque, más de millón y medio de andaluces, por nacimiento, por abolengo, de corazón; separados de la tierra querida, a la que constantemente vuelven amorosos sus ojos, poniendo en ellos sus almas doloridas por la ausencia, y cifrando en este incomparable país sus más dulces ilusiones; son más que suficiente incentivo para que un andaluz, que en serlo tiene su mayor orgullo, anhele dirigirles una cordial salutación, un mensaje de fraternal inteligencia, un recuerdo de glorioso pasado, una esperanza de porvenir esplendoroso para Andalucía y para todos sus hijos.
Discípulo, no más, de la noble y prestigiosa Escuela Andalucista, que fundara e impulsa sabia y vigorosamente la privilegiada mentalidad, el celo desinteresado, la incontrastable energía creadora del andaluz del siglo, Blas Infante. Discípulo, repito, pero fervoroso y perseverante, de tan gran escuela, he aprendido de sus doctrinas a considerar como miembros de una sola familia, aunque varia por su extensión, a cuantos venimos de aquel Al-Andalus que fue “lámpara única encendida en la noche del Medievo”.
Vosotros todos, pues, pertenecéis a mi familia; o, si queréis mejor, yo pertenezco a la vuestra; a la que procede de aquel plantel de hombres que, por sus genios, fue admiración del mundo; plantel engendrado en el vientre fecundo de nuestra madre Andalucía, que lo parió a empujes de sus culturas, criándolo con la leche vivificadora manante de sus entrañas, en dulce y sereno regazo circundado por el más plácido y perfumado ambiente.
Vuestros abuelos, de los que nosotros descendemos; nuestros antepasados, de los que vosotros sois nietos, constituyeron aquel plantel que fue glorioso origen de nuestro linaje.
Acomodados, libres, dichosos, vivían nuestros ascendientes; rica, soberana, admirada era Andalucía, que, con el nombre de Al-Andalus, entonces era conocida. A sus academias, venían a estudiar losa sabios de todo el mundo; sus artes, eran imitadas en todos los países; la filosofía, la arquitectura, la literatura, la poesía, todas las bellas artes, eran en Al-Andalus cultivadas y perfeccionadas como en ningún otro pueblo; en agricultura, sus sistemas de riegos y cultivos hicieron de todas estas tierras verdaderas granjas modelos.
En pocas palabras: no había pueblo que a Andalucía aventajase en riqueza y cultura; musulmanes, cristianos y mosaicos, convivían, respetándose mutuamente en sus creencias, y dedicándose cada cual a sus labores y estudios, con lo que más y más elevaban el nivel cultural y económico del país.
La torpe envidia y la desenfrenada codicia, despertaron en reyes y magnates de los pueblos centrales y norteños de la Península, el deseo de apropiarse aquellas riquezas y de anular tan originales culturas, que al mundo asombraban; otros pueblos europeos, animaron y aun ayudaron a los reyes y magnates españoles en la obra devastadora de Andalucía.
Sembraron discordias entre los pueblos de Al-Andalus, para más facilitar su criminal empresa, a la que tuvieron la avilantez de llamar reconquista y apellidar cristiana; como si Andalucía hubiera sido alguna vez dominio de aquellos señores o de sus antepasados, y como si la religión cristiana hubiera de extenderse por la violencia de las armas, y permitiera el robo, el homicidio, la expoliación.
Más dada Andalucía, en todos sus tiempos, a intensificar y difundir sus culturas, que al embrutecimiento, la rapiña y los horrores de las guerras, a las que solo acudió, lealmente, en obligados casos de honor, para volver en seguida a sus nobles aficiones; y, habiendo de luchar contra legiones adiestradas solo para el combate, y muy superiores en número; después de siglos de heroica resistencia en que tantas y tan grandes pruebas de valor, hidalguía y liberalidad se dieron por nuestros abuelos, se consumó aquella obra nefanda de la conquista de Andalucía.
La empeña joyas y su compañero; Isabel y Fernando; aquella pareja de Reyes, ella de Castilla, y del Aragón él, fueron los que dieron término a tan inicua empresa.
En posesión, ya, de Andalucía, aquellos monarcas, había que pagar sus servicios a los capitanes, magnates y jefes de mesnadas que realizaron la conquista; no se encontró medio más honrado que despojar de sus tierras a sus cultivadores, y, dejándolos en la miseria, entregarlas a aquellos profesionales de la guerra. No conociendo estos, otro arte ni ocupación que el guerrear, pronto, tan bellos y productivos vergeles se convirtieron en tristes y míseros eriales; hoy solo vestigios quedan de los acueductos y acequias que hacían regables estas tierras; perdida la agricultura, principal fuente de riqueza de Al-Andalus, vino la miseria de Andalucía.
Había también que hacer desaparecer aquellas culturas, y las academias y bibliotecas fueron cerradas y millones de libros ardieron en las plazas públicas.
Destruidas las industrias y perseguidos los grandes sabios, los literatos, los artistas etc., este pueblo que era admiración universal, se convirtió en lugar de desolación, hambre e incultura. Ya, Andalucía no era aquel Al-Andalus; era… un pueblo esclavizado por los monarcas de Castilla y Aragón.
La deslealtad, el perjurio, la confiscación, el destierro, desconocidos en este país, fueron practicados con toda desvergüenza y ensañamiento, por reyes que se llamaban católicos y que decían habían realizado una obra cristiana; no se concibe mayor insolencia ni más descocada profanación.
Temerosos de que aquellos sabios mosaicos y musulmanes continuaran las enseñanzas de sus ciencias y artes; y codiciosos de sus grandes riquezas, so necios pretextos, conminaron a todos con la confiscación de sus bienes y expulsión del territorio, en plazo brevísimo, si no abjuraban de sus creencias religiosas. Unos, abandonaron este suelo que tanto querían, volviendo, de hito en hito, la vista y el corazón hacia estos lugares que fueron de sus dichas; estos, andaluces sefardíes y musulmanes de Marruecos, eran vuestros padres. Otros, más apegados a su pueblo, más temerosos de la emigración, o más audaces, quedáronse aquí; fingiendo abjurar, siéndoles indiferente, o huyendo a esconderse en estas agrestes sierras; estos eran nuestros padres, los padres de los andaluces cristianos que en Marruecos vivís.
Vosotros mismos, andaluces cristianos que en África estáis; ¿qué sois, sino expulsados también de nuestra amada Andalucía, por el ominoso poder centralizador? ¿Estáis ahí por vuestro gusto? No; salisteis de vuestros pueblos o salieron vuestros padres, buscando un medio de vida que en Andalucía no se encontraba; y no se encontraba, no porque este país carezca de posibilidades para mantener con desahogo doble y triple número de habitantes de los que hoy tiene; sino porque el caciquismo territorial, en infame maridaje con el cacique político centralista, han mantenido fuera de explotación las más copiosas fuentes de riqueza, de producción en Andalucía. Sois tan expulsados, como los andaluces musulmanes y hebreos con los que en esa convivís.
Desaparecida en España la monarquía, causa de la decadencia de Andalucía, una República democrática nos hace abrigar la esperanza de que no ha de tardar mucho en ser Andalucía libre, para volver a su pasado esplendor, contribuyendo así al engrandecimiento de España y al bien de la Humanidad.
Los hombres de la “Junta Liberalista”, que, desde hace tantos años, venimos luchando por esta emancipación de Andalucía, redoblamos ahora nuestros esfuerzos, para que, cuanto antes, veamos nuestras aspiraciones convertidas en realidad.
Andalucía, en tiempo de Al-Andalus, se extendía por el África hasta el Atlas; los liberalistas andaluces, consideramos a esa parte también Andalucía; Andalucía Ibérica y Andalucía Africana; separadas o unidas por el “Arroyo Grande”, que dijo Abu-Beck.
Al pensar en esta Andalucía y estos andaluces, nos preocupamos por esa otra Andalucía y por vosotros no menos andaluces.
Aspiramos a que la República española, delegue en Andalucía el protectorado que le ha correspondido ejercer en Marruecos; Andalucía lo practicaría en la única forma admisible entre hermanos; haciendo que el Marruecos sometido hoy al protectorado español, viniese a ser uno de los estados autónomos andaluces; que, federados todos, constituyeran el gran Anfictionado de Andalucía, la República Federal Andaluza o los Estados Libres de Andalucía; término componente de la Gran Confederación Ibérica.
Llegado ese día, vendríais a la tierra de vuestros abuelos, como a tierra propia; seríais, o mejor, seréis tratados como hijos del país; las bibliotecas, los museos, las academias, todos los centros de cultura, los utilizaréis como vuestros; vuestras sinagogas, vuestras aljamas, vuestras mezquitas todas, se os devolverán, y podréis construir cuantas más queráis; las tres religiones judaica, cristiana e islámica, vivirán respetadas, como Al-Andalus supo hacerlo.
Entre las aspiraciones mínimas de los liberalistas andaluces, tenemos una que dice: Máxima protección por el Estado Andaluz, a los andaluces musulmanes y mosaicos, expulsados del territorio peninsular; y, que se tengan en cuenta, con igual preferencia que los demás andaluces, para la colonización en Andalucía de los terrenos vacantes.
Al Marruecos Andaluz, se enviarán cuantos maestros, médicos, ingenieros, capataces y demás técnicos sean necesarios; así como maquinarias, abonos, semillas, material de enseñanza, etc., los que sean precisos, para fertilizar sus campos, regularizar sus lluvias, montar industrias, establecer clínicas y sanatorios, abrir academias, instalar museos, hasta convertirlo en un país culto y floreciente.
Para esto, trabajamos los andalucistas de este lado del Estrecho; para ello, es menester que ayudéis los andaluces de Marruecos. A andaluces decididos, pocas empresas se les resisten; decidíos vosotros, como lo estamos los liberalistas; uníos todos estrechamente, con lazos de fraternidad y amor a la madre Andalucía, que quiere volver a ser lo que fue Al-Andalus; y, no desconfiad; el triunfo es nuestro.
Mientras, hermanos –sefardíes, musulmanes y cristianos- andaluces de Marruecos; que, ahora y siempre, Dios, el Único, el solo Grande, el Omnipotente, el Misericordioso, a todos nos guarde.
JESÚS MARTÍN
En Andalucía Ibérica, para Andalucía Africana, el día del 441 aniversario de la toma de Granada por los reyes de Castilla y Aragón.


Fuente: Vida Marroquí, Melilla, Enero/1933
Imágenes: Arriba, banderas del Protectorado español de Marruecos y de Andalucía; mapa de Andalucía donde aparecen Ceuta y Melilla aparecido en la revista Córdoba (1916); y cabecera de un número de Vida Marroquí (Melilla).
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